Amanda Anisimova llega a Wimbledon 2026 como sexta cabeza de serie y con el peso de ser la finalista defensora del torneo más antiguo del mundo. Pero en el circuito, su historia vale más que cualquier punto de ranking: es la tenista que hace tres años decidió alejarse del tenis porque su salud mental había llegado al límite, y que hoy demuestra que esa pausa fue la mejor decisión de su carrera.
El 30 de junio comenzó su camino con una victoria sólida: 6-3, 6-2 ante la nordomacedonia Lina Gjorcheska, la primera jugadora de su país en clasificarse para el cuadro principal de Wimbledon. Cuatro aces, 83% de efectividad con primer servicio y apenas 61 minutos. Hoy, 2 de julio, disputa su segundo round contra Sofia Kenin, su compatriota estadounidense.
Los números esconden la historia
En 2025, Anisimova llegó a la final de Wimbledon y la perdió ante Iga Swiatek con un marcador que quedará en los libros: 6-0, 6-0. La primera vez en más de un siglo que una final del All England Club terminaba con ese resultado. Su entrenador lo describió como "el peor día que jamás hemos vivido juntos".
Seis semanas después, Anisimova derrotó a esa misma Swiatek en el US Open y llegó a la final del Grand Slam americano, donde cayó ante Sabalenka. Cerró la temporada con dos títulos WTA 1000 y debutó en las WTA Finals. El rebote fue real y documentado.
Pero ese rebote tiene raíces profundas. Entenderlas importa, porque la historia de Anisimova no es solo sobre tenis.
Mayo de 2023: cuando "insoportable" fue la palabra exacta
Con 21 años y el ranking 46 del mundo, Anisimova publicó en mayo de 2023 un comunicado que sacudió el circuito: "Llevo luchando con mi salud mental y con el agotamiento desde el verano de 2022. Se ha vuelto insoportable estar en los torneos." Y se fue del circuito sin fecha de regreso.
Su padre, Konstantin, había muerto de un infarto en 2019, cuando ella tenía 17 años y acababa de eliminar a Simona Halep en Roland Garros —su primera gran victoria profesional. Ese duelo quedó suspendido durante años de viajes, competición y expectativas que no se detienen para que una adolescente procese el dolor.
Durante la pausa, estudió psicología y negocios en la Nova Southeastern University, aprendió a pintar y recuperó tiempo con su familia. Regresó en enero de 2024 y escaló hasta el top 12 mundial en 2025.
2026: nuevas adversidades, misma resiliencia
Este año tampoco ha sido sencillo. En marzo rompió con su entrenador Hendrik Vleeshouwers. Una lesión en la muñeca izquierda la tuvo fuera del circuito dos meses. Llegó a Wimbledon tras una temporada de arcilla con resultados decepcionantes y la presión añadida de defender los puntos de finalista de 2025.
Esa acumulación de adversidades tiene un nombre clínico: estrés crónico de alto rendimiento. Y aunque el deporte de élite lo magnifica, el patrón es reconocible para millones de personas fuera de las canchas.
Casos similares, como el de Emma Raducanu y su regreso tras una enfermedad prolongada, ilustran cómo las atletas que reconocen sus límites a tiempo logran carreras más largas que quienes empujan hasta el colapso definitivo.
Burnout: lo que el cuerpo dice cuando la mente ya no puede más
Según el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, el burnout y el agotamiento crónico no son debilidad ni exageración —son respuestas fisiológicas al estrés sostenido que el sistema nervioso ya no puede compensar. Se distinguen del cansancio ordinario en que el descanso por sí solo no los resuelve.
Las señales más frecuentes incluyen:
Físicas: fatiga persistente que no mejora con el sueño, infecciones frecuentes por inmunidad disminuida, dolores musculares sin causa aparente, insomnio o hipersomnia como mecanismo de escape.
Emocionales: cinismo hacia actividades antes significativas, irritabilidad desproporcionada ante situaciones cotidianas, sensación de que el esfuerzo no vale la pena, dificultad para sentir satisfacción incluso ante logros reales.
Cognitivas: problemas de concentración, indecisión paralizante ante tareas simples, pensamiento rumiativo que no se detiene.
Cuando Anisimova escribió "se ha vuelto insoportable", estaba describiendo exactamente ese umbral: el momento en que el cuerpo y la mente dejan de poder fingir que todo está bien. Reconocerlo antes de llegar a ese punto marca la diferencia entre semanas de recuperación y meses.
Cinco señales de que es momento de buscar ayuda profesional
La frontera entre el estrés normal y el burnout clínico no siempre es obvia, pero hay indicadores que señalan que es hora de hablar con un especialista en salud:
- Los síntomas duran más de dos semanas sin mejoría, incluso con descanso y cambios de rutina.
- Afectan el rendimiento en el trabajo, en casa o en las relaciones personales de forma sostenida.
- El aislamiento se vuelve la respuesta automática ante cualquier interacción social que antes era normal.
- El pensamiento negativo domina la mayor parte del día y resulta difícil de interrumpir con la voluntad.
- Aparece la sensación de que "todo da igual", con pérdida de sentido en actividades que antes generaban satisfacción.
Un médico de atención primaria puede descartar causas físicas subyacentes —hipotiroidismo, anemia, déficit de vitamina D— y derivar a un psicólogo o psiquiatra cuando sea necesario. La intervención temprana es, en la mayoría de los casos, más efectiva y más breve que el tratamiento de un cuadro consolidado.
La pausa como estrategia, no como derrota
La psicología deportiva tiene un concepto para lo que vivió Anisimova: post-traumatic growth, el crecimiento que ocurre no a pesar de la crisis, sino gracias al espacio que se le da para procesarla con apoyo adecuado. Estudió psicología durante su pausa. No fue un capricho: fue parte del entrenamiento mental que la llevó de regreso al top 12 mundial.
Para la mayoría de las personas, ese espacio no llega solo. Requiere reconocer que pedir ayuda es una decisión activa, no una rendición. Un profesional de salud puede ser el punto de partida para identificar patrones de pensamiento, trabajar la regulación emocional y construir rutinas de recuperación sostenibles a largo plazo.
Amanda Anisimova vuelve hoy a las canchas de Wimbledon con el bagaje de quien ya sabe que la mente también entrena. Si reconoces en ti alguna de las señales descritas en este artículo, considera dar ese primer paso con un especialista en salud.
Nota informativa: Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento médico profesional. En caso de crisis de salud mental, contacta al SAMHSA National Helpline: 1-800-662-4357 (gratuito, confidencial, disponible las 24 horas).

Sofía García